miércoles, julio 07, 2010
martes, julio 06, 2010
Taller con Javier Zabala
Acabo de pasar cuatro días geniales en Urueña.

Es de esas veces que todo es mágico. Todo el mundo es encantador, divertido, te
ríes sin parar, aprendes...

Javier es un ilustrador increíblemente generoso, no se guarda nada para sí. Claro,
queviéndole dibujar da la sensación de ser todo muy sencillo... y en medio segundo
ha hecho una pequeña obra de arte. Pero luego te das cuenta de la de trabajo que
hay detrás decada trazo espontáneo. Hojas, hojas y más hojas de ideas, bocetos,
y artes finalesdesechados (todos maravillosos), uf!!!

Cada mañana Miryam de Di Lab (quien organizó el curso) nos agasajaba con
pasteles de la zona (caseritos, mmmh) para desayunar. Miryam ha sido una
magnífica anfitriona, ha cuidado con un mimo encomiable cada diminuto detalle.

Tuvimos además la suerte de que a la vez se organizase en el mismo espacio una
exposición de Javier, así que pudimos bucear entre sus cuadernos de artista,
bocetos, artes finales, amontonados en las mesas antes de que los seleccionaran
para colgarlos en las paredes...

Urueña es un pueblo pequeñito (sin farmacia ni supermercado pero ¡¡con siete
librerías!!, una de ellas, la de la foto), me encantó ver cómo se nos colaron en la
inauguración dos viejecitos vestidos para la ocasión. Era divertido ver la atención
que le prestaban a cada una de las ilustraciones de Javier. Nos estuvimos
preguntando qué estarían pensando.

El día del partido del mundial, Javier, como buen anfitrión que es, nos invitó a su
habitación de hotel a verlo. Y allí estábamos, quince personas acurrucadas pegando
brincos. Por supuesto según íbamos llegando en pequeños grupos no podíamos dejar
de pensar en esta escena de El camarote de los Hermanos Marx

Yo estuve buscando mi parte oscura. Algo de eso encontré, aunque no tengo claro si
era mía o la parte tenebrosa de otro... habrá que seguir buceando...

El último día comimos en Di Lab

Y Javier me firmó un par de libros

He estado con unos magníficos compañeros, y quién sabe, tal vez nuevos amigos.
Todos teníamos una sensación extraña al despedirnos... Chicos, ¡tenemos que
volver a vernos!

Es de esas veces que todo es mágico. Todo el mundo es encantador, divertido, te
ríes sin parar, aprendes...

Javier es un ilustrador increíblemente generoso, no se guarda nada para sí. Claro,
queviéndole dibujar da la sensación de ser todo muy sencillo... y en medio segundo
ha hecho una pequeña obra de arte. Pero luego te das cuenta de la de trabajo que
hay detrás decada trazo espontáneo. Hojas, hojas y más hojas de ideas, bocetos,
y artes finalesdesechados (todos maravillosos), uf!!!

Cada mañana Miryam de Di Lab (quien organizó el curso) nos agasajaba con
pasteles de la zona (caseritos, mmmh) para desayunar. Miryam ha sido una
magnífica anfitriona, ha cuidado con un mimo encomiable cada diminuto detalle.

Tuvimos además la suerte de que a la vez se organizase en el mismo espacio una
exposición de Javier, así que pudimos bucear entre sus cuadernos de artista,
bocetos, artes finales, amontonados en las mesas antes de que los seleccionaran
para colgarlos en las paredes...

Urueña es un pueblo pequeñito (sin farmacia ni supermercado pero ¡¡con siete
librerías!!, una de ellas, la de la foto), me encantó ver cómo se nos colaron en la
inauguración dos viejecitos vestidos para la ocasión. Era divertido ver la atención
que le prestaban a cada una de las ilustraciones de Javier. Nos estuvimos
preguntando qué estarían pensando.

El día del partido del mundial, Javier, como buen anfitrión que es, nos invitó a su
habitación de hotel a verlo. Y allí estábamos, quince personas acurrucadas pegando
brincos. Por supuesto según íbamos llegando en pequeños grupos no podíamos dejar
de pensar en esta escena de El camarote de los Hermanos Marx

Yo estuve buscando mi parte oscura. Algo de eso encontré, aunque no tengo claro si
era mía o la parte tenebrosa de otro... habrá que seguir buceando...

El último día comimos en Di Lab

Y Javier me firmó un par de libros

He estado con unos magníficos compañeros, y quién sabe, tal vez nuevos amigos.
Todos teníamos una sensación extraña al despedirnos... Chicos, ¡tenemos que
volver a vernos!
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